Ha escuchado usted esta expresión: “me encuentro en el Getsemaní”, si, ha oído tal reflexión, significa que quien la expresa, está identificándose con Cristo, junto con (el contexto desolado), refiriéndose al lugar donde Jesús padeció las emociones más dolorosas por las que también atraviesa el ser humano total_views = 154

Grandeza y Dignidad

La voz de la caridad católica

LA AGONIA DEL HOMBRE EN EL GETSEMANI

LA AGONIA DEL HOMBRE EN EL GETSEMANI

(Por Rosa María Ordaz)

Ha escuchado usted esta expresión: “me encuentro en el Getsemaní”, si, ha oído tal reflexión, significa que quien la expresa, está identificándose con Cristo, junto con (el contexto desolado), refiriéndose al lugar donde Jesús padeció las emociones más dolorosas por las que también atraviesa el ser humano.

Ha escuchado usted esta expresión: “me encuentro en el Getsemaní”, si, ha oído tal reflexión, significa que quien la expresa, está identificándose con Cristo, junto con (el contexto desolado), refiriéndose al lugar donde Jesús padeció las emociones más dolorosas por las que también atraviesa el ser humano; en situaciones de abatimiento, me refiero a la tristeza, soledad, abandono, angustia, miedo, decepción, impotencia, al grado de percibirse desesperado, en ocasiones sentir el dolor de la traición y más.

El escenario nos describe un hombre que hace suyo todo el dolor del hombre, el de usted, el mío, el de sus hijos etc.  Reconocemos que efectivamente nosotros hemos experimentado tales emociones dolientes; así como los dilemas que nos ponen en las encrucijadas más desesperanzadoras hacía nosotros; sin tener luz, dirección para tomar decisiones, de las cuales depende la salud, el futuro, la vida. Sin embargo lo más contrario a nosotros es el punto en el que buscamos evadir el sufrimiento a toda costa. Nadie queremos sufrir, nos resistimos al dolor moral o físico, simplemente porque nuestra naturaleza humana pareciera que no fue diseñada para el dolor. Mi última frase es una ironía, estamos conscientes, o llegamos a  pensar que fuimos creados para sufrir. Afortunadamente nacimos para vivir en un paraíso, pero la maldad, o el pecado,  nos arroja al sufrimiento.

El joven de 33 años en un momento de su hondo y largo Getsemaní, pronuncia las siguientes palabras en dialogo de oración con Dios; describiré literalmente alguna de las distintas traducciones “Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz”, (pero no se haga mi voluntad, sino la tuya).  El cáliz del dolor y de la muerte. Comprendía que se encontraba en una agonía, debido a los acontecimientos en vísperas del día siguiente, sumado a su sentir. Su Papá se quedó mudo,  no contesta, ni se manifiesta sólo hay silencio. La ausencia de su única esperanza, aunado a la oscuridad por la falta de una luz que proporcioné una respuesta,  a Jesús le duele hasta lo más hondo de su ser. Externa, siento en mi alma una tristeza mortal. Se cree abandonado por quien más fuertemente lo sostiene; de pronto, no hay más pilar, brújula, timón. Su impotencia se expresa en su temblor, sudor mezclado con sangre, lagrimas. Que gran similitud existe con el dolor entre el hombre y este Jesús hijo de Dios. Fuimos hechos para configurarnos en todo, con el hijo del omnipotente para descubrir el tesoro de sabiduría oculto en el Getsemaní. Continuará Mayores informes seminarios y conferencias relacionados con el tema www.grandezaydignidad.com  You Tube Rosa María Ordaz, “el esplendor de la palabra”  Facebook Rosa María Julia Ordaz,  IVOOX Rosa María Ordaz, sígueme en las redes, enriquece tu vida espiritual e intelectual con una gran diversidad de temas.  

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