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Grandeza y Dignidad

La voz de la caridad católica

LOS ENEMIGOS NOS ENNOBLECEN

(Rosa María Ordaz)

 El ser humano debe crecer y necesita saber como hacerlo para orientarse a la plenitud y no a la destrucción. (R. Guardini)  

Estimado lector (a) Cuando usted descubra cuanto le ennoblecen sus enemigos, usted se elevará a un alto nivel de dignidad. Permita que esta sabiduría excelsa escondida en los contrarios instruya su inteligencia para distinguir entre el bien y el mal, ¿Qué significa ennoblecer? Es sinónimo de engrandecer, alabar, distinguir. ¿Cómo puede un adversario con sus terribles obras y desprecios realzarle? Las actitudes hirientes de los que usted ve y cree como “opositores”; en lo profundo de su proceder hacía nosotros ponen a prueba uno de los más grandes desafíos de intelecto en la mente del hombre. Romper con los paradigmas (ideas, conceptos) confusos y equivocados, que nos empobrecen como personas; ¿Cuál es la definición de persona? En las distintas gramáticas y lenguajes de la humanidad, es la descripción más fina que se le atribuye al hombre para identificarlo como un ser libre de dominios e influjos externos, que le condicionan y reducen su auténtica integridad; esta libertad le da una autonomía para cuidar de su honor y evitar que se adelante a reacciones que lo lleven a la precipitación, al arrebato de sus sentimientos, bloqueando su capacidad de entender; que gracias a los antagónicos o, contrarios (enemigos) usted crece en sabiduría: la sabiduría nos anticipa y  reafirma “que el mal se destruye a sí mismo”, “es más fuerte el amor que el odio” es más fuerte la paz que la guerra”. Ahora le escribo estos dos proverbios “el hombre insensato demuestra locura”, “el hombre sabio disimula el ultraje” porque decide no terminar a merced o disposición del odio, la violencia, la frustración y represión; sabe que, si, se deja controlar por las maldades anteriores termina siendo presa de ellas. Y, ellas destruyen su vida interior y exterior.

El sabio razona, sabe que su principal desafío no es contra el opositor, sino retar su propia capacidad de desarrollo interior humano; es consciente que se perfecciona a si mismo en el “bien” porque en lo bueno halla su paz, su salud, su bienestar; descansa confiado en la justicia del amor y, el amor permanece en él. Reconoce la nobleza de espíritu que alcanza día a día al identificar que un enemigo ha sido puesto en su camino para embellecer su alma.

El  adversario por más inteligente o “astuto” que sea, desconoce la dimensión de su “magnanimidad” (esplendidez grandeza) implícita en la maldad que provoca, sencillamente porque no razona sus hechos actúa por arrebatos; la sabiduría divina no se puede manifestar a las mentes bloqueadas por el desprecio, el horror,  la envidia, “el mal se destruye así mismo”  y, se devuelve primero a quien lo genera. Si, un enemigo estuviera consciente de cuanto nos dignifica; y, cómo en primer orden se autodestruye él, le pensaría seriamente para dañarnos, pues lo que menos desea es hacernos un bien.

Sin embargo una persona inteligente se prepara con los mejores recursos para ganar la batalla, a través de sus bienes éticos; esta consciente que sus intenciones y proceder ante la contienda deben ser inmensamente buenos pues sólo en este proceder exquisitamente bueno  tendrá la capacidad de restaurar la ruptura del corazón y será colmado de la paz que tanto anhela. El sabio deduce que ya no se conforma con algo inferior al bien y al amor, porque se da cuenta que sólo este bien apacigua la sed de justicia reclamada y que  sacia  la alegría deseada.

Estimado lector (a) lo invito a descubrir, trascender y alcanzar la clave verdadera y decisiva de la excelencia en la formación humana a través de esta experiencia ética. Mayores informes seminarios y conferencias relacionados con el tema, rosym95@hotmail.com

 

 

 

 

 

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